domingo, 14 de junio de 2009

Bueno, ¡¿qué carajos está pasando?!


Un Toque de Rock cambió de giro y ahora se ocupa de las obras maestras de la pintura. No sé. Alguna vez escribí en esta bitácora que allá en los años lejanos de mi juventud pensé que no podría seguir viviendo el día que dejara de pintar, que dejara de pensar como pintor, en la pintura. También dije que estaba equivocado.
Veo mis dibujos. Veo que el último, que ya les compartí en este sitio, cumplirá casi dos años. De esa fecha para acá no he tirado una sola línea. Y por lo que parece no lo haré más. Al menos no en la próxima semana, que es más de lo que yo considero fututro. Es locura, nada más.
Pero hay algo vivo, inmortal, en la obra de Van Gogh, de Vermeer, de Picasso... creo que hubieran sido buenos rocanroleros. No me hagan caso. Estoy cansado y tengo sueño.
Me voy. Mientras, les dejo esta imagen del pintor mexicano Arturo Rivera.

jueves, 11 de junio de 2009

Jan Vermeer de Delft


¿Sabría Jan Vermeer, tendría la sospecha siquiera de que estaba creando obras inmortales?

martes, 9 de junio de 2009

Ya sé, nada qué ver...


... pero una de las cosas que me gustaría hacer para cuando tenga tiempo, lana y disposición, es ver todos los Vermeer que existen. Son un poco más de 30, distribuidos en cuatro o cinco museos del mundo.
Y si hay tiempo, ver la mayor cantidad de Van Goghs que sea posible.

Después morir.


Mientras, pueden ver la exposición virtual de Vermeer en el sitio http://www.essentialvermeer.com/


jueves, 4 de junio de 2009

En realidad está difícil...

Me quedé pensando en el comentario de Jordi, y la neta... ¡está en chino!
Hacer un top-ten de mis rolas me parece una tarea muy escabrosa... son tantas, que haría un top-cien... y ni así...
Miren ustedes: pensé de inmediato en Led Zeppelin. Wow. Tienen por lo menos 10 rolas que considero indispensables: When the Leeve Breaks, Rock and Roll, Kashmir, In My Time of Dying, Baby I'm Gonna Leave You, Communication Breakdown, Inmigrant Song, Whole Lotta Love, Rain Song, y por supuesto Stairway to Heaven. Ahí acabó mi top-ten.
Pero digamos que me quede con dos: When the Leeve Breaks, por la batería impresionante de Bonzo Bonham, y Rock and Roll, por cañera y rompemadres.
Luego pensé en Pink Floyd... uh: Wish You Where Here, Time, Comfortbly Numb, Welcome to the Machine...
Ylos Rolling Stones: Gimme Shelter y la versión en vivo de Simpathy for the Devil (sí, la del Get Yer Ya Ya's Out, o como se llame...).
O el Deep Purple: Highway Star, la del Made in Japan, o esa obra maestra de Ian Paice que se llama You Fool No One, del Made in Europe. Y por razones sentimentales Smoke On The Water.
O los Smashing Pumpkins: 1979, por ejemplo, o Today.
O Yellow Ledbetter, de Pearl Jam.
Pensé también en Lone Star, de Stuart Hamm; en The End, de los Doors; en Little Wing, de Hendrix, aunque también incluiría la versión del himno gringo que tocó en Woodstock.
Y bueno, se me complicó el panorama...

lunes, 25 de mayo de 2009

Las Clásicas (según yo)

Ayer me dí la oportunidad de escuchar un poquito de música en el iPod.
Ya tiene días que no le meto nada nuevo, así es que estuve hurgando en mis listas de reproducción, una rolita de aquí, otra de allá... y estuve pensando en compartir con ustedes mi experiencia con esas rolas... mis Clásicas, las que me conmueven gacho, o las que escucho con admiración y sorpresa.
Algunas son muy viejas, otras no tanto, todas me conmueven. Y quizá en una de esas les den a ustedes ganas de escucharlas, de comprobar si está ahí la caña, el sentimiento, el ponch que me conmueve.
O tal vez piensen que ya estoy chocheando.
Pero igual, en una de esas, les recetaré mis Clásicas. Mis muy arbitrarias Clásicas.
A ver qué les parecen.
Mientras, ¡salud y larga vida al rock and roll!

lunes, 18 de mayo de 2009

Ya que estamos en esto

Les diré que pocas veces releo las entradas de esta bitácora. Cuando lo hago es por un mero arranque de nostalgia. Y luego de enojo conmigo mismo por la cantidad de erratas y metidas de pata que cometo a cada rato. Como buen neurótico, cuadrado, obsesivo, me enferma encontrar letras trastocadas, palabras mal puestas, errores de concordancia y así.
Lo que sí deseo decirles es que a pesar de sus carencias lingüístico-literarias, en estas entradas de la bitácora no hay un solo comentario que traicione a mis convicciones, o que obedezca a fines ajenos al mero ejercicio de mis filias (y en ocasiones, de mis fobias).
Por eso me sorprendió encontrar un comentario virulento, rabioso, en la entrada que escribí sobre Real de Catorce.
Conozco a Fernando Ábrego desde hace unos 30 años. Ambos éramos adolescentes. Ambos teníamos en común el amor por la música, sobre todo por el blues. De Fernando aprendí muchísimo. Su amistad es uno de los bienes más preciados de mi vida, no porque sea un músico notable, sino por la persona que es.
Cuando lo conocí Fernando tenía 16 años apenas. Y ya era ya un guitarrista sobresaliente y un estupendo cantante, aunque tocara y cantara canciones de la entonces Nueva Trova Cubana, a la cual detesto desde esas épocas, aunque a medias, porque de vez en cuando practico el vicio secreto de escuchar a Silvio. Pero no era eso lo que deseaba comentarles.
Como baterista no tiene comparación. Y lo digo sin ponerme a pensar que es mi amigo. Me consta su calidad como compositor y ejecutante, nada más. Y me consta porque toqué con él (yo era entonces, al igual que ahora, un bajista pésimo (y pésimo guitarrista, dicho sea de paso).
Nuestro grupo, un grupo de historia fugaz, necesitaba de un baterista. Fernando tocaba la guitarra, yo trataba de tocar el bajo, Leonel tocaba la guitarra, Francisco era el gritante y tecladista. Ah, y el Walle tocaba la armónica. Y no había baterista. Y yo estuve ahí el día en que Fernando dijo, bueno, pues yo la toco. Y sin haberlo hecho nunca nos recetó en ese mismo momento una buena tanda de tarolazos. De ahí para adelante.
Fernando y yo nos separamos hace mucho tiempo, pero nuestra amistad sobrevive, a pesar del tiempo y la distancia. Seguí de cerca el desarrollo del Real, los escuché crecer, disfruté sus discos. Los considero de lo mejor que se haya escuchado en México, por su calidad interpretativa, por su ponch, por el alma del grupo, que era un alma colectiva y no de una sola persona.
Sin embargo, insisto en mantener mi opinión. Los fui a escuchar en alguna de sus últimas actuaciones y, perdonen ustedes la herejía, ese hombre ejecutaba una pose perfecta de Jim Morrison. Insisto en que las letras son la parte más floja de la obra del Real. Insisto en considerar que lo más doloroso, lo realmente lamentable de todo este asunto del truene del grupo sea el derrumbe de la amistad.
Es penoso que tantos años que picar piedra juntos, de tantos y tantos años de abrirse paso a puro riñón y sacrificio, tantos años de compartir la vida, hayan terminado de una manera patética y lamentable. Sus seguidores perdimos a un gran grupo, pero ellos perdieron más, perdieron el amor de sus amigos, perdieron la compañía solidaria, perdieron el proyecto musical, el producto de tantos años de chinga. Y lo perdieron por una cuestión de ego. Eso es lo realmente doloroso.
Insisto: soy parcial. Esta bitácora refelja mis opiniones muy personales. Es un recuento de lo que me gusta (y en ocasiones de lo que no me gusta). Muchas veces estaré equivocado, pero eso no le resta honestidad a mis pensamientos. Pero creo que no es con descalificaciones e insultos como podremos analizar lo que le aconteció al Real.
Así es que, querido cibernauta Anónimo: tus insultos fueron para mí una digresión. Sigo esperando tus argumentos.
¡Y larga vida al rock, carajo!

domingo, 17 de mayo de 2009

Por aquí, dando la vuelta...

Sí, Vibraciones era un programa pachequísimo, no sólo por la música, también por la voz del locutor, quién sabe cuál sería su nombre, y por los rollos mafufos que nos recetaba por las trompas de Eustaquio. Eran unos choros muy raros, como que el tipo había desayunado malteada de pizza de chorizo, o algo así.
Para los niños pobres de entonces no había más fuente rockera que la radio. En Radio Capital pasaban Rock a la Róling, y un mano a mano de los Doors y los Crídens. En Radio Éxitos pasaban un programa de los Beatles tres veces al día. en Radio 590, La Pantera, de vez en cuando nos regalaban algo digno de escuchar. Luego en Canal 710 un tipo muy pacheco también se daba a la tarea de pasar disco completos, algo inusual en la radio comercial. Quizá era hijo del dueño, porque de otra manera no nos explicamos cómo podía hacerlo. En esa estación escuché por primera vez, completita, sin cortes, la banda sonora de The Song Remains the Same, la película de Led Zeppelin.
Había cierta decencia en la programación de WFM, con la voz inmortal de Mario Vargas. Y por cierto, Radio UNAM, el verdadero agasajo, porque pasaban clásica (es decir Mozart, Bach, etcétera) y rock, mucho rock novedoso. Ahí fueron mis primeros contactos con el punk, pero también con Dylan y con Genesis.
No había dinero para discos, mis amigos. Era necesario ahorrar durante semanas para comprar uno. Recuerdo que en el tianguis rodante de mi colonia pude comprar el Zeppelin I, luego de semanas de intensa agonía ahorrando peso sobre peso. Fue un momento glorioso.