Después de casi 15 días de no darme una vuelta por esta bitácora pacheca y desordenada estoy de nuevo... el contador avanzó casi cien visitas desde entonces... mil 700 visitas es más de lo que esperaba cuando empecé en enero, pero no hay casi comentarios, y se queda uno con la extraña sensación de que las palabras caen al vacío helado el ciberespacio... ¿Hay alguien ahí? Que deje un comentario. Me gustaría saber de ustedes y de lo que piensan sobre estas pachequeces.
Igual, les mando un abrazo.
Stoned!
perro_viejo
domingo, 30 de noviembre de 2008
lunes, 17 de noviembre de 2008
¿Los Clásicos?
¿Según quién?
Me encuentro a René en la calle y me dice que ahora, libre de los cuatro años de servidumbre a los que lo sometió la escuela (donde René estudió para convertirse en abogado) continúa con su trabajo en la radio. Me dice también que a Calor 93 le cambiaron de nombre y de personalidad. Se llama la Ke-Buena (hagan ustedes el cabrón favor) y es de corte grupero, como el nombre lo indica.
A pesar de la transformación, continúa René, le mantuvieron su programa Los Clásicos, en el cual transmite música en inglés de cuatro a seis de la tarde, o algo así. Antes me dijo que leyó por algún lado que escribí en en el periódico un artículo sobre Janis Joplin. Una clásica, supongo.
Quizá René se confundió porque no he escrito acerca de la Janis, y tampoco tengo intenciones de hacerlo. Hice un retrato de ella, sí, que le regalé a Javier Benítez, pero escribir de ella, no.
Fuimos brincando de un tema a otro para concluir que René quiere material sesentero para transmitirlo en su programa Los Clásicos. ¿Pero Los Clásicos según quién?
Bien, cuando escucho los clásicos pienso en la llamada música clásica, la de orquesta sinfónica y toda la cosa, no en el rock sesentero. Pienso en Mozart (La Voz de Dios), en Beethoven y, en menor medida, en Tchaikovski, sobre todo por La Patética.
Escucho Los Clásicos y pienso en los griegos, en La Ilíada, La Odisea y El Quijote, que soportaron ya la prueba de los años. En fin, lugares comunes quizá.
Pero si tuviera que elegir a Mis Clásicos tendría que escogerlos de entre los Dioses del Rock. Y Janis ocuparía un lugar muy abajo en mi lista. Yo empezaría con Led Zeppelin, con los Rolling con Deep Purple. Escogería a The Clash, a Los Beatles (¡pero por supuesto!) y a Jimi Hendrix. Pero también metería cachitos de Ten Years After, de Neil Young, de Johnny Cash y de muchos que ahora se me olvidan.
En fin. ¿Clásicos? Mis Clásicos.
Me encuentro a René en la calle y me dice que ahora, libre de los cuatro años de servidumbre a los que lo sometió la escuela (donde René estudió para convertirse en abogado) continúa con su trabajo en la radio. Me dice también que a Calor 93 le cambiaron de nombre y de personalidad. Se llama la Ke-Buena (hagan ustedes el cabrón favor) y es de corte grupero, como el nombre lo indica.
A pesar de la transformación, continúa René, le mantuvieron su programa Los Clásicos, en el cual transmite música en inglés de cuatro a seis de la tarde, o algo así. Antes me dijo que leyó por algún lado que escribí en en el periódico un artículo sobre Janis Joplin. Una clásica, supongo.
Quizá René se confundió porque no he escrito acerca de la Janis, y tampoco tengo intenciones de hacerlo. Hice un retrato de ella, sí, que le regalé a Javier Benítez, pero escribir de ella, no.
Fuimos brincando de un tema a otro para concluir que René quiere material sesentero para transmitirlo en su programa Los Clásicos. ¿Pero Los Clásicos según quién?
Bien, cuando escucho los clásicos pienso en la llamada música clásica, la de orquesta sinfónica y toda la cosa, no en el rock sesentero. Pienso en Mozart (La Voz de Dios), en Beethoven y, en menor medida, en Tchaikovski, sobre todo por La Patética.
Escucho Los Clásicos y pienso en los griegos, en La Ilíada, La Odisea y El Quijote, que soportaron ya la prueba de los años. En fin, lugares comunes quizá.
Pero si tuviera que elegir a Mis Clásicos tendría que escogerlos de entre los Dioses del Rock. Y Janis ocuparía un lugar muy abajo en mi lista. Yo empezaría con Led Zeppelin, con los Rolling con Deep Purple. Escogería a The Clash, a Los Beatles (¡pero por supuesto!) y a Jimi Hendrix. Pero también metería cachitos de Ten Years After, de Neil Young, de Johnny Cash y de muchos que ahora se me olvidan.
En fin. ¿Clásicos? Mis Clásicos.
martes, 4 de noviembre de 2008
Only By The Night
Así se intitula el nuevo disco de los Kings of Leon, el cuarteto sureño gringo formado por tres carnales y un primo. Qué bello disco, luminoso, vivo. Basta escucharlo para sentir que vale la pena estar en este mundo...
martes, 28 de octubre de 2008
Ahora que lo pienso...
Cuando fui adolescente y deseaba leer todos los libros del mundo no los tuve. La vida me parecía entonces una planicie interminable cuyo horizonte se desvanecía en la distancia muy, muy lejos. Las tardes con su espectáculo violento de sol y nubes incendiadas discurrían con lentitud y había tiempo para leer, para el cafecito caliente, para escuchar música en la radio. Horas y horas de soledad, de libros robados, de escuchar música en la penumbra de aquel cuarto minúsculo, enmedio de la atmósfera mágica de las seis de la tarde, de aquella quietud interrumpida apenas por la gritería de los muchachos allá afuera, jugando a la pelota.
Tampoco tenía la música que deseaba escuchar. Éramos muy pobres y no había recursos para esa clase de lujos, apenas para lo inmediato. Por eso sintonizaba con fruición la radio, expectante, sabiendo que cada canción sería una experiencia irrepetible.
De los libros, ni hablar. Me robé un centenar de la colecta que hicimos de casa en casa a beneficio de la biblioteca de la secundaria. Otros los compré ahorrando trabajosamente los restos del dinero que me asignaban para ir a la escuela. Es como mantenerse un vicio, ni más ni menos.
De leer a escribir, al menos en mi caso, hubo poca distancia. Comencé imitando a mis autores preferidos, a los que fui descubriendo en casa y poco después en la biblioteca pública de Tlalnepantla. Más tarde lo hice por mi cuenta y bajo mi propio riesgo.
Confieso que escribir me llenaba de vergüenza. Desde que comencé con este vicio abrasivo hasta el día de hoy, tengo la espantosa sensación de que escribir honestamente lo deja a uno desnudo, en cueros. Por eso escribía en secreto. Supongo que hay una buena ración de neurosis en todo este proceso.
Todo el tiempo escribía a escondidas y raras veces permití que alguien, quien fuera, hojeara mis cuadernos. Ahora ninguno de ellos sobrevive, lo cual me llena de alivio. Pero la sola idea de que alguien pudiera descubrirme de esa manera me llenaba de espanto.Aún ahora escribir me delata, expone lo que soy. Tal vez por eso este fracaso, esta pedacera de textos inconexos.
Me falta coraje para decirles "gente, les mentí, este soy yo en realidad". Por eso mi dejadez a la hora de buscar un editor, esta carencia de nervio para abrirme paso. No podría ir de editorial en editorial, con mi manuscrito bajo el brazo, expuesto a que lo lean personas desconocidas. Nada más no: sería como andar enseñándoles el culo.
Ahora que soy viejo añoro las prolongadas tardes de mi juventud. Ahora la situación se invirtió. Tengo muchos libros, demasiados. Y toda la música del mundo a sólo unos cuantos clics de ratón en mi computadora.Pero ahora me falta vida.
Estoy hecho un desmadre. Tal pareciera que busco la manera de huir de mis libros, de la música, de la escritura. Si algo me queda de toda esta situación es el sentimiento de que el tiempo vuela. Absorto en el batallar de la vida diaria, en el trabajo, las conversaciones y el vagabundeo, apenas me doy cuenta y ya son las diez y es necesario cerrar los ojos y entregarse a la noche con todos sus misterios. Ahora tengo los libros, la música, las herramientas para escribir pero estoy pasmado ante la vida.
Tampoco tenía la música que deseaba escuchar. Éramos muy pobres y no había recursos para esa clase de lujos, apenas para lo inmediato. Por eso sintonizaba con fruición la radio, expectante, sabiendo que cada canción sería una experiencia irrepetible.
De los libros, ni hablar. Me robé un centenar de la colecta que hicimos de casa en casa a beneficio de la biblioteca de la secundaria. Otros los compré ahorrando trabajosamente los restos del dinero que me asignaban para ir a la escuela. Es como mantenerse un vicio, ni más ni menos.
De leer a escribir, al menos en mi caso, hubo poca distancia. Comencé imitando a mis autores preferidos, a los que fui descubriendo en casa y poco después en la biblioteca pública de Tlalnepantla. Más tarde lo hice por mi cuenta y bajo mi propio riesgo.
Confieso que escribir me llenaba de vergüenza. Desde que comencé con este vicio abrasivo hasta el día de hoy, tengo la espantosa sensación de que escribir honestamente lo deja a uno desnudo, en cueros. Por eso escribía en secreto. Supongo que hay una buena ración de neurosis en todo este proceso.
Todo el tiempo escribía a escondidas y raras veces permití que alguien, quien fuera, hojeara mis cuadernos. Ahora ninguno de ellos sobrevive, lo cual me llena de alivio. Pero la sola idea de que alguien pudiera descubrirme de esa manera me llenaba de espanto.Aún ahora escribir me delata, expone lo que soy. Tal vez por eso este fracaso, esta pedacera de textos inconexos.
Me falta coraje para decirles "gente, les mentí, este soy yo en realidad". Por eso mi dejadez a la hora de buscar un editor, esta carencia de nervio para abrirme paso. No podría ir de editorial en editorial, con mi manuscrito bajo el brazo, expuesto a que lo lean personas desconocidas. Nada más no: sería como andar enseñándoles el culo.
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Ahora que soy viejo añoro las prolongadas tardes de mi juventud. Ahora la situación se invirtió. Tengo muchos libros, demasiados. Y toda la música del mundo a sólo unos cuantos clics de ratón en mi computadora.Pero ahora me falta vida.
Estoy hecho un desmadre. Tal pareciera que busco la manera de huir de mis libros, de la música, de la escritura. Si algo me queda de toda esta situación es el sentimiento de que el tiempo vuela. Absorto en el batallar de la vida diaria, en el trabajo, las conversaciones y el vagabundeo, apenas me doy cuenta y ya son las diez y es necesario cerrar los ojos y entregarse a la noche con todos sus misterios. Ahora tengo los libros, la música, las herramientas para escribir pero estoy pasmado ante la vida.
domingo, 19 de octubre de 2008
Un Toque de Rock
Hay poco que reportar en estos días. Apenas si lo mínimo para seguir viviendo.
Me dispongo a escuchar las grabaciones completas de Robert Johnson. Algún día escribiré algo sobre este tipo. Pero antes... bueno, encontré en la red el nuevo de AC-DC y antes Jorge me pasó en mp3 el de Metallica. Ahora estoy buscando el de los Kings Of Leon, aunque lo están borrando de los servidores por violación al copyright. Mala señal.
La semana fue pues de AC-DC, sesiones de Led Zeppelin y Bob Marley. No mucho que contar. Tengo ganas de escuchar a Golden Earring, sobre todo por el valor sentimental. Me transporta siempre a las parcelas de mi adolescencia. Ahora que estoy envejeciendo me ocurre más a menudo. Y no es que valga gran cosa Golden Earring, más bien es el mood, cómo llamarlo, el ambiente de esos años. Lo mismo me ocurre con las primeras grabaciones de Aerosmith.
Tengo ganas de escuchar la Patética de Tchaikovski, los demos de Machine Head, del Deep Purple, el Revolver de los Beatles...
Tengo ganas de dormir una semana.
Después me pondría a dibujar una naturaleza muerta.
Por hoy me voy a dormir. Son casi las once de la noche y estoy cansado.
Me dispongo a escuchar las grabaciones completas de Robert Johnson. Algún día escribiré algo sobre este tipo. Pero antes... bueno, encontré en la red el nuevo de AC-DC y antes Jorge me pasó en mp3 el de Metallica. Ahora estoy buscando el de los Kings Of Leon, aunque lo están borrando de los servidores por violación al copyright. Mala señal.
La semana fue pues de AC-DC, sesiones de Led Zeppelin y Bob Marley. No mucho que contar. Tengo ganas de escuchar a Golden Earring, sobre todo por el valor sentimental. Me transporta siempre a las parcelas de mi adolescencia. Ahora que estoy envejeciendo me ocurre más a menudo. Y no es que valga gran cosa Golden Earring, más bien es el mood, cómo llamarlo, el ambiente de esos años. Lo mismo me ocurre con las primeras grabaciones de Aerosmith.
Tengo ganas de escuchar la Patética de Tchaikovski, los demos de Machine Head, del Deep Purple, el Revolver de los Beatles...
Tengo ganas de dormir una semana.
Después me pondría a dibujar una naturaleza muerta.
Por hoy me voy a dormir. Son casi las once de la noche y estoy cansado.
lunes, 6 de octubre de 2008
Botella al mar
Les comparto este bellísmo poema de Mario Benedetti:
Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.
Esto es mi blog: una botella al mar.
domingo, 5 de octubre de 2008
Perdonen la tristeza...
Hace un día espléndido en Tuxpan. "Samain diría: el aire es quieto y de una contenida tristeza". Desde la terracita de mi casa se ve hacia el río, cuyo curso milenario se ve interrumpido apenas por las tormentas de estos días. El cielo es de un azul tan profundo que espanta. Allá, lejos, las flores levantaron el vuelo: centenares de mariposas amarillas viajan hacia la nada, guiadas apenas por ese destino al que a falta de mejor nombre llamamos instinto.
¿A dónde irán con su lluvia de polen amarillo, con sus alas tan semejantes a los pétalos de las margaritas? ¿Y esta música que escucho ahora... ¿a dónde va? ¿A dónde se fueron las canciones que cantaban las muchachas cuando yo era joven? ¿Qué se hizo de tanto como se quedó en el camino? ¿Dónde estarán ahora mis amigos, con los que hice la revolución, con los que aprendí a jugar al billar, con los que tocábamos canciones de tres acordes en las tardes polvorientas del mes de julio?
No queda de ellos sino el recuerdo de las tardes compartidas, las cervezas, las conversaciones sin sentido hasta la madrugada. ¿Qué será también de todos aquellos seres más o menos anónimos que pasaron por mi vida sin apenas dejar huella? Óscar Valerdi, Elías, Alejandro, quien me enseñó dibujo técnico; Pancho Amador, atormentado por la muerte de su pequeño hijo en un arroyo de apenas 40 centímetros de profundidad; Víctor Cáñez, Paco Sauza, Luz Eréndira, Junior... ¿qué se hizo de todos ellos?
De cierto modo todos somos la materia del olvido. El olvido está hecho de nuestra pequeñas vidas con sus tragedia, sus alegrías, sus desencantos... La cita de la primera línea es de un poema de César Vallejo. El resto de la tristeza es mía. Ustedes perdonen.
¿A dónde irán con su lluvia de polen amarillo, con sus alas tan semejantes a los pétalos de las margaritas? ¿Y esta música que escucho ahora... ¿a dónde va? ¿A dónde se fueron las canciones que cantaban las muchachas cuando yo era joven? ¿Qué se hizo de tanto como se quedó en el camino? ¿Dónde estarán ahora mis amigos, con los que hice la revolución, con los que aprendí a jugar al billar, con los que tocábamos canciones de tres acordes en las tardes polvorientas del mes de julio?
No queda de ellos sino el recuerdo de las tardes compartidas, las cervezas, las conversaciones sin sentido hasta la madrugada. ¿Qué será también de todos aquellos seres más o menos anónimos que pasaron por mi vida sin apenas dejar huella? Óscar Valerdi, Elías, Alejandro, quien me enseñó dibujo técnico; Pancho Amador, atormentado por la muerte de su pequeño hijo en un arroyo de apenas 40 centímetros de profundidad; Víctor Cáñez, Paco Sauza, Luz Eréndira, Junior... ¿qué se hizo de todos ellos?
De cierto modo todos somos la materia del olvido. El olvido está hecho de nuestra pequeñas vidas con sus tragedia, sus alegrías, sus desencantos... La cita de la primera línea es de un poema de César Vallejo. El resto de la tristeza es mía. Ustedes perdonen.
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